A propósito de ‘El imperio de la vigilancia’

El imperio de la vigilancia, Ignacio Ramonet (Clave Intelectual, 2016)

Por @jordipanye

#recomanats El pasado mes de agosto visité el Ex-ESMA, la antigua Escuela Superior de Mecánica de la Armada en Argentina, que operaba como centro clandestino de tortura y detención durante el último periodo dictatorial del país. La persona que nos explicó durante dos horas lo terrorífico de las prácticas de los militares nos advertía que las detenciones se realizaban durante la noche, pero también durante el día; a personas activistas de izquierdas, pero también a personas jóvenes de las que se desconocía cualquier actividad o compromiso político. Esa era una de las intenciones de los poderosos: generar un terror, un miedo a que te puede pasar a ti, hagas lo que hagas. Sólo por el hecho de ser y estar, ya eres un potencial peligro.

Dos meses después, en octubre, ya en la ciudad en la que trabajo (Barcelona), me disponía a acceder al Ferrocarril de la Generalitat de Catalunya (FGC), cuando veo que un agente de seguridad ferroviaria intercepta a un joven que hacía una fotografía con su Smartphone y le obliga a borrarla. Inmediatamente me intereso por el caso y expongo mi desacuerdo. El agente me responde que “estamos en alerta 4”, y cuando le pido que me muestre los avisos del gobierno catalán o de FGC que autorizan a los agentes de seguridad ferroviaria a tomar iniciativas como la que ha ejercido, me responde que “todo eso se ha publicado en los medios de comunicación”.

En noviembre, por fin, leo El imperio de la vigilancia, del gran periodista Ignacio Ramonet. En realidad fue leyendo el libro que fui reviviendo las dos situaciones con las que he empezado, pues el libro denuncia y alerta sobre muchas cosas, pero una principal se podría resumir en las siguientes dos afirmaciones:

La primera es la perversión de nuestra sociedad de control, dónde los ciudadanos son vigilantes y vigilados al mismo tiempo. “(…)En el marco democrático donde los individuos están convencidos de que viven en la mayor de la libertades, se avanza hacia el objetivo soñado por las sociedades más totalitarias”.

La segunda es una advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los redactores de la Constitución de los Estados Unidos: “Un pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni una ni otra. Y acaba perdiendo las dos”.

La hiperconectividad a una red de internet está absolutamente centralizada por la llamada GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) dónde el complejo militar-industrial ha dejado paso al complejo securitario-digital. No se critica la conectividad, ni las redes sociales, sino el abuso de la acumulación de datos (rastros digitales) que son información íntima sobre usos, gustos, costumbres de las personas, para luego venderlas a las empresas que ofrecerán productos personalizados a estas personas y/o, en el peor de los casos, a áreas de los Estados que usarán estos hábitos de navegación digital para detectar potenciales enemigos del propio Estado.

La respuesta de los poderes a las atrocidades del 11 de septiembre de 2001 es el punto de partida de un retroceso espantoso en los derechos humanos, el derecho a la privacidad y a la intimidad. Entramos en un estado de guerra permanente, dónde el objetivo de la guerra no es ser ganada, sino que su objetivo es continuar, ser permanente.

Ramonet se sirve en todo el texto del aprendizaje en primera persona (pues asistió a varios de sus cursos) de Michel Foucault: “La vigilancia ocupa un lugar primordial en la organización de las sociedades modernas, que son también <<sociedades disciplinarias>>, en las que el poder trata de ejercer el mayor control social posible mediante complejas técnicas y estrategias de vigilancia”. La sociedad de control, que tanto analizó Foucault establece un principio disciplinario organizador: “bajo la presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por modificar su comportamiento”.

Al final del libro, Ramonet propone la creación de una Carta de Internet, una especie de carta de derechos digitales que blinden, ahora que aun podemos, nuestra privacidad en la conectividad.

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